jueves, 4 de septiembre de 2008

El amor y el carácter cristiano

El amor la virtud más excelente del carácter cristiano
Pr. Aner González

“Si no tengo amor, de nada me sirve hablar todos los idiomas del mundo, y hasta el idioma
de los ángeles. Si no tengo amor, soy como un pedazo de metal ruidoso; ¡soy como una
campana desafinada!
Si no tengo amor, de nada me sirve hablar de parte de Dios y conocer sus planes secretos.
De nada me sirve que mi confianza en Dios sea capaz de mover montañas.
Si no tengo amor, de nada me sirve darles a los pobres todo lo que tengo. De nada me sirve
dedicarme en cuerpo y alma a ayudar a los demás.
El que ama tiene paciencia en todo, y siempre es amable.
El que ama no es envidioso, ni se cree más que nadie.
No es orgulloso.
No es grosero ni egoísta.
No se enoja por cualquier cosa.
No se pasa la vida recordando lo malo que otros le han hecho.
No aplaude a los malvados, sino a los que hablan con la verdad.
El que ama es capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo, de soportarlo todo.
Sólo el amor vive para siempre…” (1 Corintios 13: 1 – 8ª BLS)

Con esta explicación contundente del apóstol Pablo sobre el amor, estoy convencido de que el rasgo más importante que debe reflejar el carácter de una persona es el amor. Con esta seguridad intento mostrar con este conciso estudio que cuando una persona manifiesta el amor bíblico desarrolla un alto nivel de madurez y refleja la característica más importante del carácter de Cristo: El amor.
Una de las afirmaciones acerca del carácter de Dios más claramente mencionada en la Escrituras la encontramos en 1 Juan 4: 8: “Dios es amor”. El amor es parte de la naturaleza de Dios, y por tanto, nuestro Dios es un Dios que ama.
Juan también define de manera magistral las características del amor de Dios, El dice:
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos
amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros
pecados”. (1 Jn. 4: 10).
De aquí deducimos, en primer lugar, que el amor se origina en una decisión divina. Dios
decide amar, no espera sentir amor, ni mucho menos espera que se den las condiciones,
decide soberanamente e incondicionalmente enviar a su Hijo.
En segundo lugar. El amor es sacrificial, la decisión divina apunta a un proyecto muy
costoso, la entrega de la vida de su Hijo. Dios se dio a sí mismo en la cruz para que nosotros
recibiésemos la salvación. El amor es sacrificio supremo. Esta verdad se reafirma en 1 Juan 3: 16:
“En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros. Así también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos”.
Esto último, debería ser la norma a seguir por todo cristiano: Debemos amar a los demás de
la misma forma como Dios nos ha amado.
Estas verdades traen como conclusión que un cristiano verdadero debería tener como
distintivo la capacidad de amar. Y eso es posible porque cada verdadero hijo de Dios ama.
Juan lo dice así:
“Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros
hermanos. El que no ama permanece en la muerte” (1 Jn. 3: 14) y reitera:
“Queridos hermanos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo
el que ama ha nacido de él y lo conoce. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es
amor (1 Jn. 4: 7-8).
Está claramente demostrado, una persona pertenece a Dios si ama, sino no ama no
pertenece a Dios. Con esto en mente, volvamos a 1 de Corintios 13 y expliquemos las
principales cualidades del amor bíblico que se describen en los versículos 4 al 7:
El amor es paciente. Es decir, aguanta, espera con paciencia, sufrido. Describe la paciencia con la gente no con las circunstancias, describe al hombre que el lento para el enojo. Este tipo de paciencia no en un signo de debilidad sino de fuerza; no es dejarse vencer, sino el único camino hacia la victoria.
El amor es bondadoso. Útil, gentil, amable. Gentil en su comportamiento. Significa el amor que es “dulce para todos”. Es el amor que muestra la benignidad más amplia posible con aquellos que piensan diferente.
El amor no es celoso ni envidioso. No tiene celo por el éxito de los demás, más bien, es generoso.
El amor no es jactancioso. No es fanfarrón, vanaglorioso El amor se mantiene siempre humilde. Se desenvuelve con modestia ante los demás.
El amor no se envanece. No se infla, no es orgulloso, ni arrogante. Barclay dice que “El hombre realmente grande no piensa en su propia importancia”. Es una persona sencilla.
El amor no es indecoroso. No hace nada indecente, no es descortés, ni grosero. Más bien se caracteriza por la gracia, la cortesía, el tacto y la amabilidad.
El amor no es egoísta. No busca su propio interés, no busca lo suyo, no insiste en sus derechos más bien se concentra en sus responsabilidades y deberes con los demás. Es benévolo y complaciente.
El amor no se irrita. No se exaspera con la gente. Mantiene la calma, domina su temperamento.
El amor no guarda rencor. No lleva el registro del mal que se le ha hecho. Ha aprendido a perdonar.
El amor no se goza de la injusticia. No encuentra placer en nada que esté mal, especialmente, cuando se trata de otras personas. Se aparta del chisme, la difamación o cualquier otra práctica maliciosa que atente contra su prójimo.
El amor se goza de la verdad. Se alegra por el triunfo de la verdad. El amor actúa a favor de todo lo que sea bueno, puro, honesto, santo. El amor hace oposición a la injusticia.
El amor todo lo sufre. El amor puede soportar cualquier cosa. Puede hacer silencio cuando la situación lo requiera en vez de criticarlo todo. El amor tiene la capacidad de pasar por alto las faltas de los demás.
El amor todo lo cree. No es crédulo. Tiene fe en Dios, cree en sus promesas. Y fe en los hombres, es decir, tiene la capacidad de creer en las inmensas posibilidades que tienen los seres humanos en las manos de Dios. No actúa con sospecha, ni desconfianza, ni con prejuicios con los demás. Puede confiar en otros.
El amor todo lo espera. Confía, tiene esperanza. Espera por el lado bueno de las cosas. No se desespera. Tiene la esperanza que un día las cosas cambiaran
El amor todo lo soporta. No es una actitud pasiva de soportarlo todo. Más bien es activa, persevera, sigue hacia delante como un soldado con una actitud firme, valiente hasta lograr la victoria.
Esta explicación acerca del amor pareciera absurda, utópica e injusta, pero es la revelación más perfecta del carácter de Cristo. Un cristiano debería tener por meta reflejar en su propia vida esta cualidad. Esta virtud es la verdadera fortaleza del cristiano y el auténtico evangelio.
El amor es la reina de las virtudes cristianas, y por lo tanto, debería ser el rasgo más sobresaliente del carácter de todo cristiano. La vida cristiana no está exenta de conflictos interpersonales y de situaciones hostiles. Pero con esta clase de amor el mundo cambiaría drásticamente. La familia, el matrimonio, la iglesia y la sociedad en general serían un oasis de paz, alegría, afecto, respeto, aprecio, intimidad, deleite, etc. Por eso: ¡Sólo el amor vive para siempre!, el amor sobrevive a todo.
Para finalizar, es necesario recordar que hay una condición para poder amar de esta forma. Juan lo expresa así:
“Y éste es su mandamiento: (Note, dice “su”, un solo mandamiento)
“…que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo
y que nos amemos unos a otros, (Fe en Cristo y amor al prójimo van juntos, ninguno es suficiente sin el otro)
como él nos ha mandado”. (1 Juan 3: 23) Es un mandato que puede obedecer quien reconoce la autoridad de Cristo. ¿Haz puesto tu confianza en Cristo? ¿Es Cristo el Señor de tu vida? Solo así será posible reproducir el amor de Cristo.


“El que obedece sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él” (1 Jn. 3: 24)

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